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REDUCCIÓN DEL DOLOR SENSORIAL EN EL TRASTORNO DEL ESPECTRO AUTISTA (TEA)

El trastorno del espectro autista (TEA) es una condición del neurodesarrollo que se caracteriza por déficits de comportamiento social y patrones de conducta inflexibles y repetitivos que están presentes en la vida temprana y que resultan limitaciones significativas en el funcionamiento adaptativo (APA, 2013). Uno de los aspectos más limitativos de los TEA se refiere a las anomalías sensoriales. 

Un receptor sensorial especializado (“nociceptores”) en la piel y los órganos internos transporta señales a la asta dorsal de la médula espinal, donde entran en contacto con interneuronas que desempeñan un papel inhibidor o excitador. Si se bloquean las neuronas inhibidoras, las neuronas de proyección secundaria transmiten la señal nociceptiva a áreas del tronco encefálico y del cerebro donde se interpretan como dolor (Melzack y Wall, 1965). Las diferentes regiones del cerebro que están involucradas en la cognición, la emoción, la sensación y el dolor actúan juntas para apoyar la experiencia y la modulación del dolor (Ossipov et al., 2010). En las personas con TEA podemos encontrar una importante modulación emocional del dolor. Cuando la entrada sensorial que genera hipersensibilidad podría producir respuestas de dolor en personas con TEA. 

Los intentos de separar los múltiples factores que contribuyen a la expresión de los TEA han suscitado interés en cómo las diferencias fundamentales en la percepción básica pueden tener un efecto de abajo hacia arriba en conductas y dificultades particulares (p. Ej., Milne et al., 2002; Milne et al., 2006; Mottron et al., 2007; Pellicano, Gibson, Maybery, Durkin y Badcock, 2005). En particular, existe un interés creciente tanto en la comunidad investigadora como académica en documentar el procesamiento auditivo atípico en los TEA (Kellerman, Fan y Gorman, 2005; Nieto Del Rincón, 2008; Samson et al., 2006). 

Estos hallazgos provocan la especulación de que las diferencias fundamentales en la percepción de los sonidos pueden ser parte del perfil autista (Jones et al., 2009). 

Este estudio a partir del perfil acústico mencionado busca una frecuencia de sonido que actúe, como ruido blanco en los bebés, brindando a los individuos una herramienta de apoyo para realizar las actividades diarias sin dolor sensorial ni estrés. 

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